La fábula del pastor y el jefe de proyectos
Guardado en un documento de mi portatil tenía este cuento que voy a reescribir ahora mismo para recordarlo y de paso, para que disfruteis de su lectura si aún no lo habiais hecho. Recuerdo que me encantó cuando lo leí por primera vez. Desgraciadamente ahora mismo NO recuerdo el autor; si cualquiera de vosotros lo conoce le agradeceré que me deje un comentario en el post. Desde aquí mis felicitaciones por el buen rato de lectura que me hizo y me vuelve a hacer hoy pasar y como no, por lo instructivo de su moraleja
Ahí lo dejo:
‘Paseaba un día un jefe de proyectos por el campo. Tras años de rayos catódicos era su primer paseo por el páramo castellano en mucho tiempo. Lo necesitaba. La ocasión merecía los pantalones y las botas que estrenaba, recién compradas en la tienda de Timberland del aeropuerto. Iba pensando en lo bucólico del paisaje y la paz que se respiraba y lo lejos que estaba ahora de las reuniones “tressesenta” , cuando vió, en la lejanía (para un informático 350 metros son la lejanía) un pastor de ovejas con rebaño de discreto tamaño. No más de cincuenta recursos eran los que el pastor gestionaba.
En ese preciso instante el modesto pastor vio al “pimpollo” y pensó… vaya, otro que estrena botas, mañana con ampollas… mientras arrancaba un lasca de queso con su navaja. En esto el “pimpollo” ya estaba a su lado. El pastor levantó la cabeza, miro a nuestro jefe de proyectos y le tendió un trozo de queso. Ya se sabe, que en la castilla profunda, la hospitalidad se muestra más de gesto que de palabra.El jefe de proyectos cogió el queso, sin poder evitar pensar: “que uñas más negras”; y se sentó junto al pastor. Las botas le estaban matando. Degustó el queso, que le supo como le sabía el queso cuando tenía forma de queso y no forma de triángulo metido en un plástico. Y ya se sabe, un buen queso puede tener efectos tan alucinógenos como el LSD. Sobre todo si no se ha probado en años… y no se sale de la máquina de la sala de café después de poner dos euros y pulsar sesenta y siete.
Así que embriagado por los aromas de aquel queso, el jefe de proyecto no pudo evitar decir: “señor pastor, ¡lo suyo si que es vida!”. El pastor le miró, sin decir nada. “Todo el día dedicado a usted mismo, con sus fieles recursos que nunca se oponen a su voluntad, que saben lo que deben hacer sin que nadie se lo diga, que no están todo el día exigiendo y pensando en irse a su hora a casa. Lo que daría yo por estar en su situación…” continuó el jefe.
El pastor le miró y con la simpleza que sólo dá la verdadera sabiduría dijo: “no sabe usted de lo que habla, amigo“. Y tiró un largo trago de bota. El jefe de proyecto no se iba a amilanar, así que espetó: “usted si que no sabe nada de lo duro que es mi trabajo, seguro que yo cuidaría mejor de sus ovejas que usted de mi equipo de desarrolladores“. El pastor le miró fijamente y dijo “hecho, escriba aquí la dirección de su empresa y avise de que voy“. Le tendió la bota al jefe, en un gesto que decía claramente que si bebía, el trato estaba cerrado. Y claro, el jefe bebió mientras pensaba, “que cojones, aquí el que tiene el MBA soy yo“.
El pastor se levantó, silbó a su perro y le dijo, “dentro de unas semana vuelvo, de mientras, obedece a este pimpollo…“. El perro le miró con incredulidad y acatamiento. Le dió el petate al pimpollo y marchó a conocer a su nuevo rebaño. No se sabe quién estaba más acojonado, si el jefe de proyectos o el pastor.
Pasado el estupor inicial, el jefe pensó: “bueno, se trata de gestionar recursos ¿no? Llevo haciendo eso años. Seguro que las ovejas saben hacer mejor su trabajo que mis desarrolladores. Tengo claro el objetivo, que den lana, y solo necesito crear un plan y exigir su cumplimento“. Con un buen plan y mano férrea seguro que lograba cumplir sus objetivos. El jefe respiró tranquilo cuando recordó que llevaba su flamante PDA y que tenia Project y Excel versión requetemini. Todo estaba solucionado. Dedicó esa noche a trazar un plan. Fue una dura noche, lloviendo y tronando. Las ovejas durmieron a la intemperie, pero no pasaba nada, él tenía “el plan“. 50 recursos de tipo oveja, a 50 kilos de lana por recurso, 2500 kilos de lana. Un proyecto rentable sin duda…
Al día siguiente el jefe reunió al rebaño. “Tengo un plan que nos va a llevar a completar el proyecto de manera exitosa. Ya me he comprometido con el señor alcalde, cacique local y comerciante de lana, a entregarle 2500 kilos de la mejor lana en el plazo de dos meses. El alcalde me ha hecho saber su satisfacción y su plena confianza en que conmigo al frente, MBA y gestor de recursos experto, el proyecto va a ser todo un éxito“. Las ovejas no entendían nada. Ellas sabían que el alcalde solía preocuparse más por la leche que por la lana, pero quizás las cosas habían cambiado, que sabían ellas, meros recursos productores de ¿lana? ¿leche?… En cualquier caso, las ovejas no habían nunca producido tanta lana en tan poco tiempo pero con un buen gestor al mando quizás se obrase el milagro. El project que el jefe tenía era muy bonito… que barritas azules más iguales, oye.
Pasaron veinte días y el jefe de proyecto reunió de nuevo a las ovejas: “Queridas ovejas, vamos retrasados respecto a mi plan. No dudo de que haréis lo necesario para asegurar que producís la lana al ritmo necesario. Espero que todas arriméis el hombro y que no os vayáis a casa sin cumplir con vuestro trabajo. Ya he hablado con el alcalde y le he dicho que no se preocupe que apretaremos nuestro culo ovino y recuperaremos el tiempo perdido“. Las ovejas no entendían nada, ya se sabe que una oveja no es un animal demasiado listo… apretaron su ovino culo y se fueron a pastar. Al fin y al cabo no sabían como hacer crecer la lana más rápido… y parecía que el jefe tampoco.
Otros veinte días después, el jefe de proyecto reunió de nuevo al rebaño: “Malditas ovejas. Os pedí un esfuerzo y no habéis hecho nada. Yo hice el plan y vosotras estáis haciendo que fracase. Como no os apliquéis más algunas de vosotras vais a ir a la **** calle. Y ya sabéis la crisis que hay… puedo encontrar cincuenta como vosotras en cualquier ETT“. Las ovejas, una vez más, no entendieron nada. Ya le habían dicho al jefe de proyecto que el que no las metiese en el corral por las noches y que no las hubiese cambiado de prado en todo el tiempo no era muy beneficioso para la producción de lana. Habían pensado que a lo mejor si se movían por el campo como hacían con el pastor, la producción de lana mejorase. También sugerían que el jefe las ordeñase, sabían que el alcalde siempre quería leche… “Estas ovejas, siempre quejándose de chorradas, ya sabía yo que no eran muy diferentes a los desarrolladores. Que sigan el plan y dejen de quejarse y pensar, que para pensar ya estoy yo. ¡No hay manera de hacer que trabajen!” había pensado el jefe de proyecto.
Otros veinte días después el alcalde llegó y preguntó al jefe por su lana. El jefe solo tenía 1000 kilos, las ovejas resultaron no ser tan expertas como ponía en su curriculum, inaceptable… que podría haber hecho él… “No pasa nada jefe“, dijo el alcalde, “tendremos mucha leche entonces“. El jefe se puso rojo y dijo “leche, que leche, en el contrato no decía nada de leche“. El alcalde dijo, “me la sopla lo que diga el contrato, lo de la leche se dá por supuesto, vaya fracaso de proyecto, no vas a ver un **** duro…“.
En esas llegó el pastor: seguro que el también la habría cagado. “Mal de muchos, consuelo de tontos, pero consuelo al fin y al cabo” pensó el jefe… “¿Qué tal pastor? ¿Duro el trabajo?” dijo con tonillo de sorna. El pastor contesto, con su simpleza natural: “Todo ha ido sobre ruedas. Al fin y al cabo los desarrolladores son como ovejas, ¿no? Seguro que a ti también te ha ido bien. Los desarrolladores incluso me han regalado un GPS para que marque dónde comen mejor mis ovejas… ¡y dónde hay setas! Creo que me han cogido cariño los jodidos, que majetes“. El jefe no salía de su asombro: los recursos eran agradecidos y todo. “¡Cuéntame que has hecho, por favor!“, dijo al pastor.
“Ha sido fácil. Al fin y al cabo los desarrolladores son mucho más comunicativos que las ovejas y cuesta menos reunirlos. Todas las mañanas, sin perro ni nada, les tenía localizados. Además, pensé, no pueden ser muy diferentes que las ovejas, son individualistas y gregarios a la vez. Seguro que si cuido de ellos como hago con mis ovejas obtendré los resultados esperados y a eso me he dedicado estas semanas“.
El pastor continuó: “me pidieron que les consiguiese un servidor de 64 bits para no se que pruebas de rendimiento y de compatibilidad. Yo no tenía ni idea de qué es eso, pero parecía importante para ellos, así que lo conseguí. ¿No busco los mejores pastos para mi ovejas? No es tan diferente…” El jefe de proyecto flipaba, ¿desde cuándo se logra algo de los recursos atendiendo a sus caprichos?…
Luego prosiguió el pastor contando otra situación: “Un día, los desarrolladores dijeron que no lograban que el rendimiento fuese el adecuado, y que en su opinión lo mejor era tirar de un experto. Así que eso hice busque un experto que les ayudase y les formase. ¿No llevo a mis ovejas al veterinario cuando tienen problemas?“. Ahora sí que el jefe de proyecto no se lo podía creer, ¡formar a los recursos es caro! Y luego se van a la competencia en cuanto saben.
“Me acuerdo de otra cosa curiosa“, dijo el pastor: “Otro día los desarrolladores me contaron que no lograban avanzar. Eso me preocupó. ¿Se supone que los desarrolladores deben avanzar en la funcionalidad, es su lana y su leche, no? El problema, contaron, es que los comerciales estaban continuamente demandando pequeñas modificaciones, visitas a clientes, que atendiesen llamadas… Parece que los lobos acechan, pensé yo. Así que puse un poco de órden y deje claro que a mi rebaño no se le molesta“.
El pastor concluyó: “la verdad es que no he hecho mucho ¿no? Los desarrolladores son como las ovejas, si dejas que hagan su trabajo y pones las condiciones para que lo hagan, al final puedes recoger los resultados“.
En estas despertó el jefe de proyecto y pensó: “joder, como pega el vino del pastor, vaya siesta y vaya sueño más raro“, mientras veía al pastor perderse por el horizonte con su rebaño.’
Mi resumen de la moraleja seria un poco duro con los gestores de proyecto que se parecen a este “pimpollo” así que me lo voy a reservar
pero qué buen rato he vuelto a pasar…

La fábula se publico originalmente aquí:
http://geeks.ms/blogs/rcorral/archive/2008/11/24/la-f-225-bula-del-pastor-y-el-jefe-de-proyectos.aspx
¡Un saludo!
Ok, el autor es Rodrigo Corral. ¡Gracias!
¡Qué risas…! Y cuánta razón…
Gracias por compartirlo Dani. Un abrazo!
Buenisima la fabula sin duda, gracias por compartirla.
¡De nada! Me alegro de que os guste.
que grande eres Dani, a ver si subes alguna más!
Ya tengo una nueva que te va a gustar